Entre Hesíodo y la vigilia: el trabajo nocturno de Pizarnik
Nota: “Los trabajos y las noches”, título que Alejandra retoma de “Los trabajos y los días” de Hesíodo, que refleja tanto la crisis agraria de su tiempo como la necesidad de transmitir normas éticas y prácticas de vida. Es decir, el trabajo agrario, esforzado y los días. Alejandra hace lo justo en la noche.
Por: Carlos Luis torres
G.
He escrito en varios ensayos
sobre la poética de Alejandra Pizarnik que, su primera fase literaria tiene su
cúspide con “El árbol de Diana” 1962 y que los libros “Los trabajos y las noches”
(publicado en 1965), “Extracción de la piedra de la
locura” (publicado en 1968) y “El infierno musical” publicado en 1971), son marca
de su segunda etapa y del inicio de otro período último de ruptura
consciente, collage, humor negro, plagio, obscenidad, grotesco y la muerte como
objeto explícito y sin connotación poética. También he dicho que esta última
etapa arranca en 1969, hasta su muerte, dejándola inconclusa.
Por ello el primer libro que quiero
abordar en esta reflexión puntual es “Los trabajos y las noches”
(publicado en 1965 por Editorial suramericana) pues posee desde su carátula un
alto contenido surrealista (diseño de Roberto Aizenberg). A esta
serie de 47 poemas que alguna crítica ha dicho que son estos deliberadamente
carentes de énfasis, muchas veces carentes de forma, como anotaciones alusivas
y herméticas de un diario personal, que no son poemas "sobre algo”, dicen,
sino fragmentos de un lenguaje que se busca a sí mismo sin encontrarse del todo.
Tal vez el tema central del libro es la “búsqueda” de una nueva forma de decir,
diferente a la etapa culminada con “Árbol de Diana” y nos enfrentamos ante esas
“anotaciones alusivas herméticas” señaladas por Susana H. Haydu (1), cuando el
hermetismo no es un defecto, menos una señal para que el desciframiento del
lector y menos “la niebla” deban ser develadas, no, son eso mismo: el objeto
del poemario; de nuevo: un libro donde lo esencial es el hermetismo y la niebla
que se interpone entre el lector, es decir, el hermetismo no es un obstáculo con
el poema: es el tema del poema. Claro, es obvio, esto no es uniforme a lo largo
del libro porque ella está buscando cómo hacerlo y fracasa en varias
oportunidades. Deja, en diversos lugares un aliento a ese romanticismo “decadente”
de algunos de sus poemas de los dos primeros libros y en otros recuerda a su
maestro Porchia, pero no lo hace bien. En otros poemas, nos sugiere su exploración,
ese: “hacer con su cuerpo un poema” que he repetido en otras oportunidades. Algunos
textos son un intento fallido de nombrar algo puro, y el fracaso mismo es la
experiencia que Alejandra parece querer producir en el lector, no un accidente
de estilo difícil, es la búsqueda de ese estilo.
Hay algunos
poemas en su primer aparte, entre los cuales: “Duración”, “Tu voz”, “El olvido”,
donde aquí aparece un amoroso convencional: metáforas de la tradición romántica
del cautiverio amoroso como el pájaro que no puede volar, la memoria como lugar
donde el amor sobrevive. Comparado con la violencia lingüística de otros poemas
del libro (donde ella rompe sintaxis, busca la "palabra no
contaminada"), eso más domesticado, es más legible para cualquier lector
sin entrenamiento, casi cita de cancionero, me dice con dureza mi amiga Ank
cuando le leo en voz alta los poemas (El amor, en estos tres poemas, todavía se
deja decir con las palabras de siempre, agregó). Pero al seguir en la segunda y
tercera parte del poemario aparecen textos de gran kilate por ese dejarse
llevar por ella, y lo dice explícitamente en el análisis que realiza Susana H.
Haydu (trabajo ya citado) donde señala que Alejandra, poco antes de morir dice
que: “este libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura.
Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería”. Y sobre lo mismo
señala en una entrevista con Marta Moia: “Debo decir que al configurarlos me
configuré yo también y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré
realizarlo”. (2)
RELOJ
Dama pequeñísima
moradora en el corazón de un pájaro
sale al alba a pronunciar una sílaba
NO
(pág. 183,
de la tercera parte, “poesía completa”, 2012)
es el primer asomo de esto que pretendo
decir, utiliza las palabras de su imaginario poético, pero las despoja de todo
aparato romántico. No hay "tú" al que dirigirse, no hay súplica
("llévame"), no hay metáfora de cautiverio amoroso. Hay una
arquitectura mínima: una dama diminuta que habita (no visita, mora) dentro del
corazón de un pájaro, y que solo tiene una función en el mundo: salir al alba a
decir una sola sílaba. Y esa sílaba es: "NO", lo escribe en
mayúscula, como un golpe seco al final del poema. Ahí está el atisbo de lo otro
o mejor como lo señalaré más adelante el inició de su segunda etapa literaria
ella, pero sin lo cautivador del misterio, sin el silencio explícito, sin el
dulce de “ese pájaro enamorado”. Aquí una Alejandra que escribe en París
huyendo de sí misma, pero es otra. (Eso no es vocabulario gastado repitiéndose
por inercia, es el vocabulario puesto a trabajar en su función más extrema: el
poema entero existe para llegar a esa negación, y me mira con decisión mi amiga
Ank después que lo leo con énfasis para resaltar eso que escribo.)
Poemas como: “Madrugada”, “Pido
silencio”, “Los ojos abiertos”, “Caer”, “Historia Antigua” son ejemplos del
hermetismo del que hablábamos, de la niebla que cubre los recuerdos infantiles,
niebla que humedece ese miedo de niña… miremos:
HISTORIA ANTIGUA
En la media noche
vienen los vigías infantiles
y vienen las sombras que ya tienen nombre
y vienen los perdonadores
de lo que cometieron mil rostros míos
en la ínfima desgarradura de cada jornada.
Primero, en la media noche, cualquiera, todas ellas, viene la
acumulación: "vienen los vigías... y vienen las sombras... y vienen los
perdonadores" tres oleadas de visitantes nocturnos, cada una más
específica y tan comprometedora como la anterior. Los vigías
"infantiles" que no vigilan con autoridad adulta, vigilan con la
mirada sin filtro de un niño. Las sombras "que ya tienen nombre", no
son sombras genéricas del miedo nocturno, son culpas concretas, identificadas,
que ella ya reconoce una por una en su infancia (3). Por eso titula el poema “Historia antigua”
está hablando de su principio: viene de una pareja de padres que huye de
Polonia, con la historia del gueto judío a cuestas, también de niña esa culpa
acumulada: “ínfima desgarradura”. No digo más, ella construyó aquí un
hermetismo con su forma propia y dio en este poema, como en los ya mencionados
arriba un salto… la segunda etapa de la construcción literaria de Alejandra.
Miremos ahora en poema que antecede a este:
LA VERDAD DE ESTA VIEJA PARED
que es frío es verde que también se mueve
llama jadea grazna es halo es hielo
hilos vibran tiemblan
hilos
es verde estoy muriendo
es muro es mero muro es mudo mira muere
Poema en minúsculas, con una puntuación propia suya, cercana a la
música diría yo por la aliteración especialmente en el verso final con el
fonema “m”, pero además cada palabra corrige o degrada la anterior (muro, mero
muro, un muro despojado de cualquier grandeza; mudo, que ya no puede ni hablar;
mira, te obliga a ti (lector), a presenciarlo y muere, al final); cercana a la
pintura pensaría de inmediato al recordar una acuarela suya, que ya he subido al
muro de mi Facebook, que no permite reconocer exactamente el ser que se representa
pero es ella innegablemente; que produce miedo pues sabemos que muere y lo
vemos caminar en el tiempo a ese ser que es frío, verde, que llama, jadea, grazna,
objeto, hielo, que se mueve, que estoy muriendo dice y luego es un ser fuera de
ella que dice en un tú al lector: “mira muere”… perdón digo yo, con la venía de
todos: es perfecto, es abstracto, es música, es un dibujo en la pared, es
Alejandra íntegra que culmina , que comienza otra etapa lírica, que huye de
París, sin saberlo ella misma, que se trepa a un barco y luego publica esto es
Buenos Aires en 1965 con la carátula que ubico en este texto (con un dibujo
surrealista, gris de Roberto Aizenberg ).
Lo he dicho ya: la importancia de este libro no reside únicamente en el valor poético, sino también por el inicio de una etapa diferente que no solamente he visto yo, lo han señalado otros y otras que como Susana Haydú lo plasman de forma explícita y muy clara, dice: “ el tema amor constante en su poesía, va a ser reemplazado casi enteramente, por el cuestionamiento sobre la palabra. “Los trabajos y las noches” marca una crisis a nivel de la escritura y a nivel personal. El color, la textura, la espacialización, el lenguaje, sufrirán un cambio, un viraje que nos lleva a la poesía de sus dos últimos libros: “Extracción de la piedra de locura” y “el infierno musical”.”.
Hay aquí, en estos poemas, una estrategia distinta a sus primeros textos, no un final que lleva al comienzo del poema, aunque no abandona la brevedad, ni la austeridad, ni la intensidad, pero sí el doble giro a la tuerca, que aprieta de otra forma, incluyendo en el texto al lector y mostrándole “mi herida”, conteniéndolo, por ejemplo, o permitiéndole estar como un tercero mirándola mirarse en el espejo como en “Invocaciones”.
Hay volver a este libro para poder entender el comienzo de los últimos años de Alejandra.
Carlos Luis Torres G., Julio 31 de 2026
(1) (1) Ensayo de Susana
H. Haydu, publicado en el Blog “la Matria” (Ensayos sobre escritura de
mujeres). https://porlamatria.blogspot.com/
(2) (2) Marta I. Moia,
“Entrevista con Marta I. Moia” Plural 4 (1972): 9.
(3) (3) Ver la novela
“Alejandra la poeta que murió de su vestido azul” Sílaba Editores, pág, 17.
Segunda Edición, 2026.
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