Entre Hesíodo y la vigilia: el trabajo nocturno de Pizarnik
Nota: “Los trabajos y las noches”, título que Alejandra retoma de “Los trabajos y los días” de Hesíodo, refleja este último, tanto la crisis agraria de su tiempo como la necesidad de transmitir normas éticas y prácticas de vida. Es decir, el trabajo agrario, esforzado y los días. es para Alejandra en la noche, estos poemas.
Por: Carlos Luis torres
G.
Por ello el primer libro que quiero
abordar en esta reflexión puntual es “Los trabajos y las noches”
(publicado en 1965 por Editorial suramericana) pues posee desde su carátula un
alto contenido surrealista (diseño de Roberto Aizenberg). A esta
serie de 47 poemas que alguna crítica ha dicho que son estos deliberadamente
carentes de énfasis, muchas veces carentes de forma, como anotaciones alusivas
y herméticas de un diario personal, que no son poemas "sobre algo”, dicen,
sino fragmentos de un lenguaje que se busca a sí mismo sin encontrarse del todo.
Tal vez el tema central del libro es la búsqueda de una nueva forma de decir,
diferente a la etapa culminada con “Árbol de Diana” y nos enfrentamos ante esas
“anotaciones alusivas herméticas” señaladas por Susana H. Haydu (1), donde el
hermetismo no es un defecto, menos una señal para el desciframiento del
lector y menos “la niebla” que deba ser develada, no, son eso mismo: el objeto
del poemario. De nuevo: un libro donde lo esencial es el hermetismo y la niebla
que se interpone entre el lector, es decir, el hermetismo no es un obstáculo con
el poema: es el tema del poema. Claro, es obvio, esto no es uniforme a lo largo
del libro porque ella está buscando cómo hacerlo y fracasa en varias
oportunidades. Deja, en diversos lugares un aliento a ese romanticismo “decadente”
de algunos de sus poemas de los dos primeros libros y en otros recuerda a su
maestro Porchia, pero no lo hace bien. En otros poemas, nos sugiere continuar su exploración,
ese: “hacer con su cuerpo un poema” que he repetido en otras oportunidades. Algunos
textos son un intento fallido de nombrar algo puro, y el fracaso mismo es la
experiencia que Alejandra parece querer producir en el lector, no un accidente
de estilo difícil, es la búsqueda de ese estilo.
Hay algunos
poemas en su primera parte, entre los cuales: “Duración”, “Tu voz”, “El olvido”,
donde aquí aparece un amoroso convencional: metáforas de la tradición romántica
del cautiverio, como el pájaro que no puede volar, la memoria como lugar
donde el amor sobrevive. Comparado con la violencia lingüística de otros poemas
del libro (donde ella rompe sintaxis, busca la "palabra no
contaminada"), eso más domesticado que he mencionado, es más legible para cualquier lector
sin entrenamiento, casi cita de cancionero, me dice con dureza mi amiga Ank cuando
le leo en voz alta los poemas (El amor, en estos tres poemas, todavía se deja
decir con las palabras de siempre, agregó). Pero al seguir en la segunda y
tercera parte del poemario aparecen textos de gran kilate por ese dejarse
llevar por ella, y lo dice explícitamente en el análisis que realiza Susana H.
Haydu (trabajo ya citado) donde señala que Alejandra, poco antes de morir dice
que: “este libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura.
Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería”. Y sobre lo mismo
señala en una entrevista con Marta Moia: “Debo decir que al configurarlos me
configuré yo también y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré
realizarlo”. (2)
RELOJ
Dama pequeñísima
moradora en el corazón de un pájaro
sale al alba a pronunciar una sílaba
NO
(pág. 183,
de la tercera parte, “poesía completa”, 2012)
es el primer asomo de esto que pretendo
decir, utiliza las palabras de su imaginario poético, pero las despoja de todo
aparato romántico. No hay "tú" al que dirigirse, no hay súplica
("llévame"), no hay metáfora de cautiverio amoroso. Hay una
arquitectura mínima: una dama diminuta que habita (no visita, mora) dentro del
corazón de un pájaro, y que solo tiene una función en el mundo: salir al alba a
decir una sola sílaba. Y esa sílaba es: "NO", lo escribe en
mayúscula, como un golpe seco al final del poema. Ahí está el atisbo de lo otro
o mejor como lo señalaré más adelante el inició de su segunda etapa literaria
ella, pero sin lo cautivador del misterio, sin el silencio explícito, sin el
dulce de “ese pájaro enamorado”. Aquí una Alejandra que escribe en París
huyendo de sí misma, pero es otra. (Eso no es vocabulario gastado repitiéndose
por inercia, es el vocabulario puesto a trabajar en su función más extrema: el
poema entero existe para llegar a esa negación, y me mira con decisión mi amiga
Ank después que lo leo con énfasis para resaltar eso que escribo.)
Poemas como: “Madrugada”, “Pido
silencio”, “Los ojos abiertos”, “Caer”, “Historia Antigua” son ejemplos del
hermetismo del que hablábamos, de la niebla que cubre los recuerdos infantiles,
niebla que humedece ese miedo de niña… miremos:
HISTORIA ANTIGUA
En la media noche
vienen los vigías infantiles
y vienen las sombras que ya tienen nombre
y vienen los perdonadores
de lo que cometieron mil rostros míos
en la ínfima desgarradura de cada jornada.
Primero, en la media noche, cualquiera, todas ellas, viene la
acumulación: "vienen los vigías... y vienen las sombras... y vienen los
perdonadores" tres oleadas de visitantes nocturnos, cada una más
específica y tan comprometedora como la anterior. Los vigías
"infantiles" que no vigilan con autoridad adulta, vigilan con la
mirada, sin filtro, como un niño. Las sombras "que ya tienen nombre", no
son sombras genéricas del miedo nocturno, son culpas concretas, identificadas,
que ella ya reconoce una por una en su infancia (3). Por eso titula el poema “Historia antigua”
está hablando de su principio: viene de una pareja de padres que huye de
Polonia, con la historia del gueto judío a cuestas, también de niña esa culpa
acumulada: “ínfima desgarradura”. No digo más, ella construyó aquí un
hermetismo con su forma propia y dio en este poema, como en los ya mencionados
arriba un salto… la segunda etapa de la construcción literaria de Alejandra.
Miremos ahora en poema que antecede a este:
LA VERDAD DE ESTA VIEJA PARED
que es frío es verde que también se mueve
llama jadea grazna es halo es hielo
hilos vibran tiemblan
hilos
es verde estoy muriendo
es muro es mero muro es mudo mira muere
Poema en minúsculas, con una puntuación propia suya, cercana a la
música diría yo por la aliteración especialmente en el verso final con el
fonema “m”, pero además cada palabra corrige o degrada la anterior (muro, mero
muro, un muro despojado de cualquier grandeza; mudo, que ya no puede ni hablar;
mira, te obliga a ti (lector), a presenciarlo y muere, al final); cercana a la
pintura pensaría de inmediato al recordar una acuarela suya, que ya he subido
al "muro" de mi Facebook, que no permite reconocer exactamente el ser que se representa
pero es ella innegablemente; que produce miedo pues sabemos que muere y lo
vemos caminar en el tiempo a ese ser que es frío, verde, que llama, jadea, grazna,
objeto, hielo, que se mueve, que estoy muriendo dice y luego es un ser fuera de
ella que dice en un tú al lector: “mira muere”… perdón digo yo, con la venía de
todos: es perfecto, es abstracto, es música, es un dibujo en la pared, es
Alejandra íntegra que culmina , que comienza otra etapa lírica, que huye de
París, sin saberlo ella misma, que se trepa a un barco y luego publica esto es
Buenos Aires en 1965 con la carátula que finalizo este texto (con un dibujo
surrealista, gris de Roberto Aizenberg ).
Lo he dicho ya: la importancia de este libro no reside únicamente en el valor poético, sino también por el inicio de una etapa diferente que no solamente he visto yo, lo han señalado otros y otras que como Susana Haydú lo plasman de forma explícita y muy clara, dice: “ el tema amor constante en su poesía, va a ser reemplazado casi enteramente, por el cuestionamiento sobre la palabra. “Los trabajos y las noches” marca una crisis a nivel de la escritura y a nivel personal. El color, la textura, la espacialización, el lenguaje, sufrirán un cambio, un viraje que nos lleva a la poesía de sus dos últimos libros: “Extracción de la piedra de locura” y “el infierno musical”.”.
Hay aquí, en estos poemas, una estrategia distinta a sus primeros textos, no un final que lleva al comienzo del poema, aunque no abandona la brevedad, ni la austeridad, ni la intensidad, pero sí el doble giro a la tuerca, que aprieta de otra forma, incluyendo en el texto al lector y mostrándole “mi herida”, conteniéndolo, por ejemplo, o permitiéndole estar como un tercero mirándola mirarse en el espejo como en “Invocaciones”.
Dos poemas de este libro, en mi concepto son sobresalientes, tal vez no por lo herméticos, tal vez no porque en ellos se encuentre el germen de su segunda etapa literaria que he mencionado. En alguna oportunidad me he atrevido a leer ambos en público porque tienen la capacidad de llegarle al lector de poesía con su carga de profundidad, de dolor y de certeza insondable, que a veces escasea: Uno “fiesta” y el otro “Memoria” que es dedicado a Jorge Gaitán Durán, el poeta colombiano muerto en su viaje de regreso después de haber estado con Alejandra en París y además fue el director de la Revista más importante que ha tenido nuestro país: “Mito”.
FIESTA
He desplegado mi orfandad
Sobre la mesa, como un mapa.
Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.
Y he bebido licores furiosos
para trasmutar los rostros
en un ángel, en vasos vacíos.
MEMORIA
A Jorge
Gaitán Durán
Arpa de silencio
en donde anida el miedo.
Gemido lunar de las cosas
significando ausencia.
Espacio de color cerrado.
Alguien golpea y arma
un ataúd para la hora,
otro ataúd para la luz.
Hay volver a este libro para poder entender el comienzo de los últimos
años de Alejandra.
(Carlos Luis Torres G., Julio 31 de 2026)
(2) (2) Marta I. Moia,
“Entrevista con Marta I. Moia” Plural 4 (1972): 9.
(3) (3) Ver la novela
“Alejandra la poeta que murió de su vestido azul” Sílaba Editores, pág, 17.
Segunda Edición, 2026.
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