El enano... de nuevo el primer montaje de Teatro Tierra.

 




                                                                                                                  Por: Carlos Luis Torres G. 
Terminó la segunda temporada de la presentación (nueva época) de la obra Teatral “El enano” del Grupo “Teatro Tierra” que ha dirigido Juan Carlos Moyano desde su fundación en 1989 y esta obra fue una de sus primeros y duraderos montajes en 1990, con la que viajó por Latinoamérica y parte de Europa.
Llegué a esta última función y en esta versión con la actriz Magda Liliana González, con el deseo de presenciar la adaptación que Moyano hizo de la novela del Premio Nóbel 1951, el sueco Pär Lagerkvist (1891–1974). La novela está narrada en primera persona, a modo de diario: un enano de sesenta y cinco centímetros al servicio del príncipe, en una corte de la Italia renacentista del siglo XV. La peripecia central: El enano maléfico (Piccoline) no es un bufón cualquiera, se ufana de ser la encarnación de la maldad y de la intriga, y desde ese lugar que significa la anormalidad física, maneja los hilos de la vida del principado. El terrible enano es el hombre de confianza del Príncipe y custodio de los secretos de la Princesa Teodora, a quien odia por considerarla infiel, por desearla, por saber la imposibilidad de aquel amor suyo que además de torcido y oscuro, imposible y el motivo aparente de su odio a todo. Desde esa posición de intimidad y poder en la sombra, su desmesurado sadismo lo lleva a desencadenar decisivos acontecimientos (intrigas, traiciones, una guerra) que terminan en tragedia para todos los habitantes de la comarca.
Moyano emplea su estrategia teatral para adaptar este Diario al monólogo del enano, a una voz en off que habla de este y al lenguaje corporal de la Princesa Teodora. Consciente de sus posibilidades escénicas, Moyano realiza una adaptación que le permite, con una sola actriz, abarcar desde la prisión física e interior del enano, sus manos saliendo de un tonel-celda, su cara irrumpiendo con un odio lentificado, las ambiciones, las amenazas y sus ideas de venganza. La utilización de blackout (oscurecimiento total del escenario) permite la transformación de este a la Princesa con una tenue luz roja que proporciona la sensualidad que aparece en aquella cuando representa sus sentimientos y acciones para ese juego, un tanto voluptuoso que incendia, que sugiere la intriga, la traición mientras transcurre la guerra.
El color utilizado para esta breve escenografía es el rojo y negro y un vestuario de la época permite que un segmento de la novela se deslice durante una hora frente al público que asistió el pasado sábado al espacio Ditirambo Teatro en Bogotá, a acompañar con afecto a Juan Carlos y a Magda quienes además, al principio y al final hablaron, el uno de las persecuciones de ese enano por muchos escenarios y ella con una sonrisa divertida poder ser varios personajes en un solo cuerpo: el deforme enano y la bella Teodora… el que grita desesperado y la que danza construyendo su espacio de intriga y dolor.
Espero verla de nuevo. Lo sé, demorará unos días, pero son obras que no salen del repertorio del Teatro Tierra pues muestra desde el principio, la total la estrategia teatral y la contribución de este grupo que logra, con buena actuación, luces y escenografía sencilla, impactarnos con su trabajo.

Anexo:
La novela “El enano” de Pär Lagerkvist, comienza así:

Mi estatura es de 65 centímetros. Estoy bien conformado, con las proporciones correspondientes, aunque tengo la cabeza un poco grande. El pelo no es negro, como el de los demás, sino colorado y echado hacia atrás de las sienes, y de una frente que más impresiona por lo ancha que por alta. Soy lampiño, pero, fuera de eso, mi rostro es como de cualquiera. Cuando se dispuso la lucha entre yo y Josafat, a los veinte minutos lo puse con la espalda contra el suelo y lo estrangulé. Desde entonces, aquí no hay más enano que yo.
Casi todos los enanos son bufones. Tienen que decir chistes y hacer payasadas que hagan reír a sus amos y huéspedes. Yo no me he rebajado jamás hasta ese extremo. Tampoco me lo ha exigido nadie. Basta mi aspecto para impedir que se haga de mi semejante empleo. Mi cara no es de las que se prestan para divertir a nadie. Además no me rio nunca.

Fotografías: C. Torres



Comentarios

Entradas populares de este blog

La obra de Umberto Giangrandi, testigo del tiempo que le toca vivir.

El Maestro y Margarita de Bulgákov

Para leer el Ulises de Joyce.