Al cumplirse 90 años del nacimiento de Alejandra Pizarnik.
Este pasado 29 de abril de 2026 se cumplieron 90 años del nacimiento de la poeta argentina Alejandra Pizarnik. Ella hija de inmigrantes polacos de origen judío, llegaron a argentina huyendo de la guerra y el holocausto en un barco y se radicaron en Avellaneda, donde nace Alejandra. Su nombre era Buma Alejandra Pozarnik es decir, Flora Alejandra. Ella muta a Alejandra que le pareció más sonoro, más poético pienso.
Sílaba Editores realiza un homenaje a esta poeta con la Segunda Edición de la novela de Carlos Luis Torres, titulada "Alejandra la poeta que murió de su vestido azul". El prólogo de esta novela lo realiza el escritor colombiano Pablo Montoya (autor de la novela "La sombra de Orión", "Terceto", "Lejos de Roma", "Tríptico de la infamia", entre otros).
Incluimos este breve texto prólogo, pues da cuenta del trabajo de Torres como conocedor de la obra y la vida de la poeta.
Alejandra, la poeta que murió de su vestido azul, de la poesía y el suicidio
De origen judío, sensible y depresiva desde siempre, encantada por el fatum de la poesía, Alejandra Pizarnik atravesó su vida como un agobiante suspiro.
Sus pocos, pero intensos años
transcurrieron entre Avellaneda, Buenos Aires y París. La atrajo el surrealismo, el cine
y el
psicoanálisis. Como toda joven de su época,
buscó en el tango y el rock asidero
para sus búsquedas. La política –el horror de las dictaduras militares y el ascenso
de los fascismos– pasó distante
de sus preocupaciones. La escritura, sin embargo, tramó sus vigilias insomnes y ayudó a que asombros
e infortunios fuesen
plasmados en sus poemas desgarradores y sus diarios
dolidos.
Este itinerario lo registra con pericia Carlos Luis Torres en Alejandra, la poeta que murió
de su vestido azul. La dinámica que propone
es, por momentos, la de la bio- grafía novelada. Pero es la libre recreación literaria lo que predomina.
En realidad, se trata del modo en que un escritor colombiano homenajea a la célebre poeta argentina. Ahora bien, el sentido primordial de este homenaje
pareciera ser el del consuelo. La escritura de Torres se realiza para acompañar, con ternura y afecto solidario, un periplo existencial que ya transcurrió y que, en esencia,
fue desesperado y vertiginoso. Pero cómo desconocer los episodios
en que la novela presenta a una Alejandra
lanzada con dicha ansiosa a los abismos del amor sexual con hombres
y mujeres. Y, sobre todo, cómo dejar a un lado
la certeza de que la resolución de esta vida se trasunta
en la reveladora escritura de Pizarnik.
Esta novela, breve, penetrante y poética, está basada en un juicioso trabajo de investigación histórica. Al mismo tiempo que se cuenta
la vida interior
de Alejandra, atravesada
de vacilaciones y miedos permanentes, se asiste a la reconstrucción sugerente de un entorno literario. En su paso por Buenos Aires y París, la angustiada
heroína de estas páginas
va dejando una serie de encuentros
con las figuras estelares de una época:
Borges, Silvina Ocampo y Bioy Casares, por un lado.
Paz, Cortázar y Duras, por el otro. Las dos ciudades con sus representantes
letrados se enlazan a través de la percepción de una mujer quebradiza
cuya única obsesión es suicidarse cuando el dolor de los días y las noches por fin la libere.
Pero son los diarios y los poemas de Pizarnik los que orientan y dan espesor a la narración
de Torres. Esta es
torrencial, forjada de oraciones largas,
se apoya en las
enumeraciones y vuelve
una y otra vez sobre las obsesiones de la protagonista, que son siempre la muerte por
suicidio y la locura. Toda esta arte poética,
bien asumida y equilibrada con sapiencia, otorga a la novela un aire
que oscila entre la nostalgia por lo vivido,
la urgencia atribulada de morir y la celebración de la amistad
y los altos goces del cuerpo
deseado.
Pablo Montoya El Retiro, marzo de 2026
Comentarios
Publicar un comentario