"Las Tres hermanas" de Chejov... montaje del Teatro Libre de Bogotá.
La semana anterior finalizó la
temporada de la obra "Las tres hermanas" de Antón Chejov en el Teatro
Libre de Bogotá, con la dirección de Ricardo Camacho. Tuve la fortuna de
presenciar esta última función que me encantó: una buena adaptación, actuación
impecable, una escenografía justa, adecuada para darle ambientación a esa familia
compuesta por tres hermanas y un joven intelectual que cae en decadencia, y que
permite resolver la teoría que Stanislavski trazó en el año 1890 (aproximadamente)
y luego realizó al crear el Teatro de Arte de Moscú en 1898.
Konstantín Stanislavski (1863–1938),
un actor y maestro teatral planteó que el actor debe realizar actuaciones
auténticas, no el artificio y la declamación a la cual se estaba acostumbrado.
Poner en escena los sentimientos del actor después de convivir interiormente
con su personaje. Hacer vibrar al público con su emoción de hombre-actor y no
del texto, revolucionó el teatro de Rusia y luego se expandió en el mundo
entero, en el cine, años después, por ejemplo. Pues bien, las obras de Antón
Chejov eran apropiadas ya que no estaban cruzadas por la peripecia, por el
acontecimiento sino por la expresión de amargura, de deterioro, de frustración,
de emociones de esa sociedad en cambio ante la modernidad.
La obra “Las tres hermanas” de
Chejov cayó como anillo al dedo cuando se montó en el Teatro del Arte de Moscú
en 1901 después de haberse ensamblado “La gaviota “ y “Tío Vania” del mismo
Chejov. En esta obra (“Las tres hermanas”) Olga, Masha e Irina, viven con su
hermano Andréi en una ciudad de provincia rusa. Un año después de la muerte del
padre (momento de inicio de la obra) todos manifiestan, de diversas maneras, el
sueño por salir de esa población de campesinos y viajar a Moscú, la verdadera
ciudad donde merecen vivir: la maestra Olga y la soñadora Irina suspiran por
trabajar y encontrarle sentido a la vida, Andréi Prózorov desea poner en ejercicio
su conocimientos políglotas pero termina casándose con una dominante mujer,
mientras sucede la llegada del ejército en guerra, detona la rutina, el tiempo
se detiene, la frustración se acentúa, los amores clandestinos de Masha con Vershinin
naufragan y todo queda atrapado en decepciones mostrando lo insondable de la
condición humana.
* *
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Llegué a casa después de la función del teatro libre de Bogotá a leer la obra de Chejov, en la traducción realizada por Eustaquio Podgursky, publicada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Primero revisé las fotografías que tomé durante la presentación y que subo abajo de estas notas, avanzo con cuidado en su lectura buscando el aire del alma rusa, el olor de los abedules y releo las notas que realicé el pasado mes de octubre cuando me atreví a buscar en Moscú el lugar donde se fundó El Teatro de Arte de Moscú, el cual no pude encontrar, pero sí pensar en el sistema Stanislavski, el cual me explicaban hace algunos 50 años, cuando siendo joven, yo me entrenaba de actor en un grupo muy pequeño en la ciudad de Bucaramanga, se llamaba “Teatro Arte” precisamente y dependía del Teatro Libre de Bucaramanga. ¡Por dios!, pasa el tiempo. Dije yo por aquellos años, al comenzar mí actuación: “… ahora que estamos frente a frente, debemos hablar de tantas cosas…”
Con el respeto y la nostalgia,
dejo ahí:
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