El Monte de las Furias.

 


                                                                                                                      Por: Carlos Luis Torres G.

Puff… termino la lectura y cierro el libro: “El monte de las furias”, de Fernanda Trías, su última novela publicada por RHM el pasado febrero de 2025. Escrita en los montes orientales de Bogotá, donde vive después que decidió quedarse en Colombia. A la autora uruguaya, la conocí al presentar en Luvina, “La azotea” (Laguna Libros, 2015) con quien conversamos sobre esta, una de sus primeras historias lentas, emocionantes, profundas, oscuras y de innumerables connotaciones recónditas del corazón humano. Ahora “El monte de las furias”, supera esto anterior, nada más intrincado y de diversas interpretaciones como la historia de esta “mujer” que vive en la soledad de una casa precaria construida en la falda de una montaña y su único trabajo es vigilar una línea de alambre electrificada que hace de lindero.

Una mujer joven de educación muy básica, decide escribir unos cuadernos sobre su vida y donde registra reflexiones muy cotidianas y sin mucho contenido, va adentrándose en contar su historia de infancia, la relación tortuosa y ahora el odio contra su madre, la historia del pueblo más abajo y su vida realizando la labor de cuidadora de la cerca de alambre mencionada. Su relación con un casi desconocido hombre y luego con el vigilante de la caseta de abajo, forman un marco para una vegetativa relación sexual trunca, la imposibilidad de comunicación real con el otro, la vida en un ámbito primitivo de seria pobreza y privación, la lluvia continua en la montaña y los ladridos de los perros hacen asfixiante la escritura que se da lenta, mordida, con gráficos y señales de imposibilidad de saber para que se realiza.

Lo anterior se suma a la aparición de los cadáveres, unos tras otros, sin explicación alguna, que la van adentrando en un terreno fangoso, donde se desdibuja la cordura y el lector reconoce al narrador que se sumerge en el mito del Popol Vuh, el nacimiento de la montaña, el entrecruce de lo vegetal y lo animal. Sin reconocimiento explícito de la culpa se profundiza en todo, en las honduras del dolor, de la enfermedad, de la descomposición y la muerte.

Leerla es una tarea de la que no es posible salirse. Pienso que no exista un buen lector que la abandone y menos que no acepte que este es un objeto profundo y complejo al cual hay que reconocerlo, ella, Fernanda Trías, es una de las narradoras importantes contemporáneas en este continente.

A Fernanda la conocí hace años, como dije, llegó a Luvina con un muñeco de peluche gris entre las manos, era un curioso y gigante “tardígrado”, pues este posee un tamaño menor a un milímetro y se le llama comúnmente “oso de agua”, es famoso, no por su abundancia en la naturaleza sino porque resiste en calidad de hibernación temperaturas muy bajas y altas, y es resistente a las radiaciones nucleares que destruirían a cualquier ser humano. Este microscópico ser, habitante en la humedad, se convirtió en tema de conversación con la Trías y hoy creo que puede dar cuenta de varios nudos profundos en su escritura.

Un abrazo y les deseo una buena lectura.

(C. Torres, 19 de diciembre de 2025)





                                                                                                                        



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