Los pantalones de Vladimir Maiakovski.

 




Por: Carlos Luis Torres G.
Juan Bonilla, español, ganador en el 2014 del Premio Mario Vargas Llosa escribe una novela “Prohibido entrar sin pantalones” basada en la vida y obra del poeta ruso Vladimir Maiakovski. Llegué a la novela por las redes, después de vivir dos semanas en Moscú a pocos metros de la estatua del poeta, que se erige gigantesca, como él, en la plazoleta del mismo nombre y muy cerca de la inmensa y profunda estación del metro Maiakovski. Allí funciona el “Teatro de la Sátira” que recuerda uno de los aspectos de la poesía de Maiakosvki y justamente, en la gran antesala del teatro funciona un clásico y elegante lugar llamado Café Tchaikovsky. Por la calle, al caminar pocos metros está la entrada a la “Plaza triunfal”, que es, mejor un breve espacio ajardinado muy propicio para leer y conversar mientras pasan algunas horas del bullicio de verano en Moscú. Por la acera lateral funcionó hace muchos años un pequeño café que reunió escritores diversos, después de la revolución, se llamaba “El establo de Pegaso”.
Me devoré el libro de Bonilla porque además de novela, es un ensayo que se lee muy bien. Es una biografía de Maiakovski contada secuencialmente, que se desanda entre un acontecimiento y otro, de un amor a otro, de una extravagancia a otra. Un relato biográfico bastante real que dice de su fiereza, de su beligerancia, de su fe en el partido, en las masas, en el futuro, de su ambivalencia y de su poesía. Dije también que sobre todo es un ensayo, pues maneja un gran volumen de información sobre la evolución literaria de las diferentes épocas y escritores rusos desde los románticos, pasando por Puskin, los simbolistas, Aleksandr Blok (1880-1921), los imaginistas como Serguei Esenin y desde luego, los acmeístas hasta los futuristas como lo era él y sus disputas, escritos, traiciones, insultos contra los poetas obreros, los bolcheviques, entre muchas otras tendencias como los místicos y los universales. La evolución de la literatura y la pintura de Moscú y San Petersburgo está ahí y luego varios segmentos de poemas transcritos para enfatizar estos cambios y los bordes incendiarios de los versos más importantes de Maiakosvki como “Vladimiro Illitch Lenin” y “la nube en pantalones” que es un espectacular guiño surrealista de Maiakosvki cuando inventa, ficciona, bromea en su viaje a México contando que existe un letrero al entrar al D.F. ,que dice: “Prohibido entrar a ciudad de México sin pantalones” y bonilla con gran estilo lo utiliza en su libro. ¡Ah! y también están sus primeros poemas, sus recitales de principiante, su primera novia y su familia por la que siempre cuidó hasta incluirla en su testamento, antes de partir, como todos sabemos a la edad de 37 años, y totalmente cansado por estar tan viejo.
Es esta una recreación literaria de gran parte de la obra poética-teatral-cinematográfica de Maiakovski. Parafrasea-explica-aumenta hace legible lo ilegible, le suministra un breve contexto, da la voz al personaje, al que lo escucha, a las mujeres que lo aman y a las que lo abandonan, le pone un ritmo que sin dudarlo, es el ritmo de su poesía: altanera, gritona, desnuda, ruda, sin silencio, panfletaria, comprometida, de propaganda, burda, incomprensible y hasta podríamos decir lo que se pone en boca de sus oponentes: eso no es poesía.
Esta novela es un adecuado relato que muestra el contexto social-cultural-político de la rusa prerrevolucionaria, también la que sigue al triunfo de la revolución y de la lucha por el poder y el acceso a las masas luego de la muerte de Lenin. Lo hace bien, sin sectarismos, describe, cuenta, muestra sin gran tragedia a los perseguidos, a las poetas compañeros de algunos que habían sido condenados, se para muy cerca de los gobernantes a oírlos respirar y un lector atento sonríe cuando está bien hecho.
Es esta novela un texto para leer con atención pues además trata de un acercamiento a una crítica salteada de la poesía de los primeros años del siglo XX y su búsqueda por ponerse al ritmo de los tiempos que cambiaron en rusia y de las necesidades de la revolución y no de la cultura, ni del arte, pues les da el lugar que ocuparon los escritores del partido, los disidentes, los opositores, los que no aplaudieron al estado y fueron a parar en el destierro y los otros, los que quedaron.
En la novela también está el drama personal de Maiakovski, sus amores intempestivos y dolorosos, pero también en detalle el drama pasional con Lily Brik y el triángulo irrompible que hizo con el marido de esta, Osip Brik, relación que sufrió todos los embates y todos los goces posibles de una carrera desenfrenada e irrompible.
Es la historia de una generación, las dos anteriores y la siguiente, en una época de grandes transformaciones y de retos en todos los sentidos políticos, sociales y culturales, no es posible escribirla en menos páginas que las apretadas 382 que posee esta edición booket que tengo en mis manos y que se ha convertido en el borrador de mis reflexiones sobre ese país Rusia, después de haber deambulado las calles de Moscú y San Petersburgo, ambos escenarios de la vida trágica y aventada del poeta de cuerpo gigantesco, cabeza rapada, pantalones a rayas, y de un sacón que llevó en su juventud roto en los codos, sus dientes destruidos hasta que una mujer puso un espacio tangible y un desordenado ordenamiento a su vida de poeta vanguardista, escritor del partido e inventor de un futuro utópico, literal y surrealista que golpea a muchos y entusiasma a las masas deseosas de un nuevo país de gigantes envueltos en sacones y un ushanka para cubrirse en invierno.
La novela es escrita por un hombre de occidente que no habla ruso y que no había viajado a ese país, pero es un logro su escritura, la gran bibliografía consultada la hacen verídica en lo fundamental, verosímil en la ficción, aunque algunos elementos podrían darle un puesto de mayor detalle, como los crudos inviernos en ambas ciudades, las manifestaciones callejeras, la guerra y un samovar puesto en las noches, que es el paisaje que se ve en primer plano sobre la sombra de las iglesias, con cúpulas de cebolla color azul o dorado o rojo, de la rusia de todos los tiempos y la de hoy, aunque exista calefacción en todos los lugares.
No dejo de resaltar una biografía de Maiakovski escrita por Viktor Shklovski, en ediciones Anagrama 1972, extrañamente no la veo en la bibliografía de la novela de Bonilla, y ahora que avanzo en su lectura (estaba esperándome en mi biblioteca), me sorprendo de este otro gran trabajo que se separa de la escritura típica biográfica, que se acerca a lo poético, que habla de Maiakovski entre un verso de aquel. Claro debió de ser consultada por Bonilla, ahora no lo dudo, pero la terminaré con los placeres puestos en mis ojos ya que no es la primera vez que deambulo la poesía de ese país, ni que me acerco a sus hombres, a sus excesos y sus abismos, ni a sus calles.
Dejo ahí mientras rueda un viento frío en mis recuerdos y la historia de un bailarín corriendo para no llegar tarde a sus ensayos en el Mariinski. Me llega la generación de otros que querían romper y buscaban con los dientes un lugar para hincarlos.
(C. Torres, Noviembre 11 de 2025)




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