Una intensa nevada en la Isla Jeju: “Imposible decir adiós”.

 

   



                                                                                                                              

Acabo de terminar la lectura de "Imposible decir adiós" del premio Nobel Coreana Han Kang de la cual ya escribí un comentario-crítico sobre “La Vegetariana" y luego de su novela "Actos humanos". Esta última "Imposible decir adiós", publicada por Random House Mondadori, es dura, delicada, profunda, terrible, dolorosa, mágica... otro espacio. Aborda con gran detalle y fino tejido, en su segunda parte, aunque unos leves destellos se anticipan, la historia de los desaparecidos asesinados en Corea del Sur, esos que fueron fusilados acusados por comunistas, por el general Park y los norteamericanos, durante la dictadura acaecida en 1961.

"Imposible decir adiós" es la historia de dos amigas cercanas que trabajan en fotografía y en producción de cine documental. Una, se fue a vivir hace algún tiempo a la isla Jeju, hoy un sitio turístico al sur de Corea y hace décadas escenario de las masacres que se tocan una y otra vez en las novelas de Hans Kung.  Gyeongha, recibe una nota inesperada y urgente de su amiga hospitalizada por un accidente sufrido en la casa antigua de su madre y ahora su taller en la isla al lado de un bosque y de un pueblo en escombros en medio de una nevada.

Gyeongha, recibe la suplica de Inseon de viajar a la isla en el vuelo de la tarde y salvar a su pequeña cotorra que puede morir de hambre y sed, abandonada hace un par de días a 450 kilómetros de Seúl. Por exagerada que parezca la solicitud, por el dolor que produce la cirugía practicada y su recuperación, por el amor de Inseon a la cotorra que ha enviudado hace poco, por el amor de las dos mujeres, por el sutil correr de velos que mueven las palabras de una a su muy íntima amiga, por el delicado tratamiento cultural y relación vital entre la vida y la posible muerte, Gyeongha corre al aeropuerto y en pocas horas se adentra en una terrible tormenta de nieve y una aventura que pone un lento hilo de suspenso e intensa emoción interior para llegar a ese remoto lugar donde un fin sencillo, simple, fugaz, en el contexto de la vida del planeta hace que todo sea válido.

Casi la mitad de las 250 páginas nos acercan a ese lugar profundo y doloroso, tan íntimo como la desconocida vida de ella con su madre, como entrar a un recóndito lugar del alma donde, sin descanso, estás mujeres buscan a miles de desaparecidos, arrojados al mar y a las cuevas por esa horrible masacre que fue la dictadura de Park. Un espacio se abre en silencio, dos rutas de vida se juntan, dos mujeres se encuentran en un espacio real e imposible, en una dimensión no común, impensable, donde se resuelven los grandes y profundos sentimientos de culpa, dolor y un amor de sangre intenso que duele mucho.

Que he terminado su lectura, dije. No es cierto, es mi obligación escribir estas notas y volver a leer apartes de esta novela absolutamente importante, ahora que tanto ruido hace el mundo y no deja un resquicio de silencio para salvarnos, nosotros los lectores, de la estupidez del hombre.

(C. Torres, diciembre 22 de 2025)


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