“Moscú-Petushkí”: ebria novela, propia para un fin de año.
La mujer que me acompañaba a deambular por la pequeña librería de usado, tomó el libro, y de la forma que la caracteriza, sin mirarme, lo puso en mis manos. Era “Moscú-Petushkí” de un tal Venedikt Eroféiev a quién no había oído nombrar, pero la corta reseña de la contraportada habla de la novela más insólita y divertida del panorama ruso del siglo XX, que estuvo más de 20 años sin publicarse en la rusia socialista debido a la censura. Obvio no había duda… tendría que adquirirla (estábamos de visita en la librería “La nube sólida” cerca de la Universidad Nacional.)
Venedikt Vasilyevich Eroféiev, nace en un pequeño hospital de un campamento al norte de San Petersburgo donde, por ese año de 1938, se estaba construyendo la central hidroeléctrica sobre el río Niva y su padre era uno de los trabajadores. Su padre, dicen las notas que se encuentran en occidente, fue víctima de las purgas de la época de Stalin durante 16 años y que Venedikk Eroféiev, trabajó en oficios diversos (albañil, perforador, geólogo, tendió redes eléctricas, bibliotecario), fue estudiante de filosofía de la universidad de Moscú y de otras, donde también fue expulsado por comportamientos amorales, pero no se específica que significa esto, lo amoral. Lo cierto es que las escasa fotografías encontradas libres en internet lo muestran siempre con una copa o una botella de Vodka en la mano, siempre en conversación con otros o tratando de sostenerse en el mundo, obviamente era un jocoso alcohólico, que hizo literatura con su vida, hasta su final en 1990.
La novela “Moscú-Petushkí”, considerada la mejor de las suyas, es la historia de un alcohólico que intenta ir en un tren suburbano desde Moscú (desde la estación Kursk) hasta esa población al oriente y a tan sólo 110 kilómetros. Esta ruta se convierte en la travesía más alcohólica, más loca, disparatada, irónica, sarcástica, contestataria de este grupo de marginales que se congregan a su alrededor, en el vagón del tren a medida que este avanza al oriente.
Son efectivamente hombres que, apertrechados de Vodka, vino, jerez y otros, no pagan tiquetes, hablan con dioses, demonios, se ríen de ser libres y juegan cartas todo el tiempo mientras paulatinamente a medida que el viaje se realiza el nivel alcohólico trepa, el volumen, el disparate, y la escritura adquiere ese tono de locura imposible de detenerse mientras miran pasar estaciones iguales, y se miden y cruzan los tragos y las frases sin sentido que dan el acento exitoso a la novela cuya grafía adquiere las características de la rasca, de la locura, del infierno, de la tortura, por el exceso acumulado, por la alucinación, por el desespero hasta llegar al lugar oscuro y terrible del no saber sobre la vida o la muerte.
Claro, entre burla y burla están todos los escritores rusos decimonónicos, los clásicos intocables, los románticos inigualables, las calumnias contra Gorki, Gógol, Tolstoi, Dostoievski y decenas de nombres de autores y autoras que desconocemos en occidente hasta que Venedikt (el autoprotagonista) nos vuelve a recordar que va a encontrarse con una mujer que es su novia a quién visita muy de vez en cuando y siempre borracho pero ahora el hijo de aquella dulce mujer, tiene fiebre.
Esta ruta, en la novela, no tiene fin, o es circular, o es imaginaria, o es la alegoría contestaria a la novela socialista. Es un carrusel que gira y retorna a la estación Kursk: la novela, estaba en contra, no era la línea recta del discurso literario, no era lo moral que debía aplaudirse, no era el progreso y menos el discurso del constructivismo ruso de comienzos del siglo XX. Por tanto, recibió la censura y sólo se publica en occidente dos décadas después, considerándose hoy una de las obras del underground ruso.
Esta importante novela, disidente, contestaria, es responsable de las corrientes que se fraguaron después de los años 80 y que debemos leer. Por ahora, recomiendo a mis amigos esta ebria novela, propia para un fin de año. Un abrazo y buena suerte con las lecturas y escrituras del 2026.
(C. Torres, diciembre 29 de 2025)
Venedikt Vasilyevich Eroféiev, nació en 1938 y murió en Moscú el 11 de mayo de 1990, víctima de un cáncer de laringe y su cuerpo reposa en el cementerio de Kúntsevo. Durante sus últimos años, Eroféiev vivió con gran precariedad, sin residencia fija y con trabajos ocasionales. Fue un escritor del underground ruso y su obra más importante “Moscú-Petushkí”, la escribió en 1968 pero solo fue publicada en Israel en 1973 y cuatro años más tarde en parís. Hoy ha sido traducida a más de 20 idiomas, además que ha sido montada con éxito por el grupo de teatro independiente español “Los Goliardos” dirigido por Ángel Facio.
Otras obras suyas son: Записки психопата (“Notas de un psicópata”, 1970); Вальпургиева ночь, или Шаги командора (“La noche de Walpurgis, o Los pasos del Comendador” 1980, obra de teatro) y Моя маленькая лениниана (Mi pequeña Leniniana) que son segmentos satíricos.
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